martes, 10 de marzo de 2009

Escuchar, clave contra el cáncer

Más de una treintena de voluntarios, muchos de ellos testimoniales, ofrecen su compañía y apoyo a los enfermos oncológicos que ocupan las habitaciones del Hospital Clínico de la capital
Alba llegó a España desde Paraguay hace ya casi tres años. Al poco tiempo de su llegada le diagnosticaron un cáncer en estado avanzado, enfermedad contra la que actualmente está luchando. Aunque alejada de su familia, jamás se siente sola. "Estoy tranquila porque sé que siempre tengo a alguien con quien poder hablar", explica la joven de apenas 27 años, que cada día recibe la visita de los voluntarios.A las diez de la mañana un grupo de voluntarios se reúnen en la Unidad de Oncología del Hospital Clínico para comenzar la jornada. Más de una treintena de personas de la Fundación Malagueña de Asistencia a Enfermos de Cáncer (FMAEC) conforman este grupo de voluntarios, único en la provincia de Málaga, para dar apoyo y sustento moral a los pacientes que atraviesan un proceso oncológico. "Al año realizamos cerca de 6.000 intervenciones, que son el número de veces que atendemos o ayudamos a un paciente", asegura Miriam Alef-Lat Escudero, psicóloga de la fundación y coordinadora del voluntariado del hospital malagueño. Escuchar a un paciente o familiar después de recibir un diagnóstico, acompañarlos a recibir su dosis de quimioterapia o simplemente hablar sobre el último partido de fútbol retransmitido en televisión son algunos de los momentos que estos voluntarios, algunos testimoniales, comparten con los enfermos de cáncer y sus más allegados.Testimonio. "Hoy es mi primer día como voluntario", sentencia Francisco Guzmán, de 42 años, que acaba de superar un cáncer de colon, afección que le impulsó a ofrecer un hombro en el que los pacientes pudieran desahogarse o distraerse. "Cuando me dijeron que tenía cáncer, creí que me moriría ese mismo día. Me fui a caminar por la playa, sin ver nada más allá, y encontré por casualidad una tarjeta de la fundación y fue como un rayo de luz. Después llamé y a partir de ahí decidí que cuando estuviera bien sería voluntario", explica Guzmán, que recibió ayuda para poder explicarle a su hijo de 14 años "por qué su padre tenía cáncer". Los voluntarios reciben previamente dos cursos preparativos en los que se indica cómo dirigirse al paciente, la necesidad de respetar su intimidad y la preparación para que, tanto el paciente como el voluntario, puedan enfrentar la muerte. "Normalmente el tema médico se suele obviar. Lo fundamental es escuchar. Muchas veces los enfermos sólo manifiestan el dolor, físico y emocional, con nosotros porque no quieren preocupar a sus familias", explica Alef-Lat, que tuvo que mentalizarse durante años hasta que decidió especializarse en oncología, ya que en su familia también "existían muchos casos de enfermos de cáncer".María Gracia López es una de las veteranas de este grupo. "A mí me operaron de cáncer hace ya ocho años. No tuve que pasar por quimio ni radio pero sí me di cuenta de que tenía que ayudar y compartir mi testimonio con otros afectados. El día que empecé no sabía qué hacer cuando entré en la sala, porque hay enfermos en tratamiento, personas que van a revisiones...No sabes qué decirles para que confíen en ti", apunta López, que incide en que son "los jóvenes los más reticentes a abrirse pero cuando lo hacen se dan por completo".La inquietud personal y la empatía son otras de las motivaciones que llevaron a Paz Marines a incorporarse al equipo de optativos. "Hay días más complicados que otros. Hay veces que no puedes evitar implicarte con algunas personas. Pero cuando te vas tienes que intentar desconectar e intentar no llevarte los problemas a casa", concluye Marines, que colabora desde septiembre.